domingo, 7 de junio de 2009

Sumergidos en la oscuridad de mi habitación, nuestros cuerpos se buscaban nuevamente, y juntos con ellos nosotros volvíamos a buscarnos, a sentirnos completos.
Prendiste la luz del velador y me dijiste: "Necesito mirarte y que me mires a los ojos porque es muy importante lo que te voy a decir. Vos generaste en mí muchos sentimientos nuevos y hoy puedo decir que descubrí la diferencia entre quererte y amarte...y me di cuenta que realmente te amo. Sabés que quisiera darte todo lo que deseás. Te daría el mundo, pero no lo tengo."
Tus ojos brillaban y se llenaban de lágrimas, al mismo tiempo que pronuciabas esas maravillosas, perfectas y más sinceras palabras. Y fue así como lograste humedecer los míos y hacer que me perdiera en un abrazo profundo y cálido, mientras te decía al oído "ahora apagá la luz". (2 de junio de 2009)

No hay comentarios:

Publicar un comentario