lunes, 12 de octubre de 2009

Y llegó el día...!

Finalmente ayer al mediodía cumplí con la promesa que había hecho al regreso de mi Viaje de Egresados en Mendoza, cuando traje un vino y prometí que lo iba a descorchar cuando presentara un novio de forma oficial a mis padres.

Y así pasaron los años...

Dicen que cuando más añejo es, mejor se pone el vino.

Cada vez que comenzaba a salir con una persona, venía a mí la ilusión de poder beberlo. Pero no!

Pasó el tiempo y me fui a vivir sola. La botella obviamente se mudó conmigo. Ocupó un rincón en la mesada de la cocina y allí estuvo un año y medio más.
A veces la miraba con ilusión, otras con tristeza por no lograr lo que quería.
Le tuve bronca y hasta pensé en que más que una promesa, se había convertido en una maldición.
Jugué con mi imaginación hasta el punto de que por un "accidente" se cayera rompiéndose, perdiendo todo su contenido.
Pero el día de destapar esa bendita botella de vino tinto llegó 7 años después de haberla adquirido.





Y en verdad ya no me importa la cantidad de años que pasaron, sino que fue como siempre quise y con la persona que AMO, rodeada por mis padres y mi hermano.
Todos brindamos por nuestro amor y bebimos de él.
Por supuesto que el corcho me lo guardé como recuerdo de este día tan importante para nosotros y tal vez, con la idea de contar esta historia a nuestros descendientes...

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